Textos y fotografías Miguel García ©
Este es un reportaje fotográfico que muestra el uso cotidiano
actual de la Plazoleta del Rosario en el centro histórico
de Bogotá y el valor de su entorno arquitectónico.
El reportaje describe el ritual diario de la Plazoleta además
de reconstruir su historia y escudriñar sus secretos
que saltan a la vista
En su tiempo de vida, la Plazoleta ha sufrido varias
intervenciones que le han cambiado la cara, antes de ser una Plaza
allí existieron edificios que fueron demolidos para su
construcción.
El ambiente arquitectónico ha determinado
la utilización del espacio y su significación en
el imaginario de la ciudad. Este lugar ha servido de camino indígena,
habitación colonial, baño público, muladar
y cañería al aire libre; zona industrial, bancaria,
hotelera y administrativa; lugar de encuentro y escenario de tertulias
de la elite cultural bogotana.
Hoy conserva mucho de su pasado como quiera que
es un baluarte histórico y arquitectónico de la
ciudad, muchos de los cafés y lugares significativos de
este conjunto siguen manteniendo rasgos de su identidad; pero
tiene nuevos usos y significado.
La Plazoleta, por ser considerada la entrada al
centro histórico de la ciudad, es lugar de tránsito,
algunos sectores relacionados con la actividad minera y del comercio
de esmeraldas han hecho de este sitio su lugar de trabajo, muchos
de los edificios del conjunto que rodea la Plazoleta, que en pasado
funcionaron como oficinas, hoy están destinados a talleres
de tallado de esmeraldas y joyería, la misma Plazoleta
es una oficina al aire libre, lugar de transacciones minoristas
de este producto emblemático nacional.
En la Plazoleta del Rosario se puede conseguir casi
cualquier cosa por unas cuantas monedas, llamadas por teléfono
celular, confites, cigarrillos, café, aguas aromáticas.
En coches para bebé, que en una época alimentaran
las ilusiones de niños y adultos hoy son herramientas de
trabajo convertidas en tiendas rodantes.
Allí permanecen algunos cafés tradicionales
donde se encuentran comerciantes, estudiantes y trabajadores en
general que mantienen viva la identidad de este sitio al igual
que los lustrabotas que con su trabajo recuerdan la estampa de
los ‘cachacos’ representativos de la bogotaneidad.
Con la realización de éste reportaje
fotográfico quise hacer una exploración tanto de
un tema como de un formato y producto periodístico que
aportaran una mirada diferente, una alternativa para contar historias,
que diera cuenta de un momento en la vida de personas, lugares
y situaciones que quizá pasarían desapercibidas
a la mirada extraviada de los transeúntes.
La premisa del trabajo fue la pregunta: por la historia
del sitio, por sus transformaciones físicas, por sus usuarios,
por su devenir cotidiano; considero que el reportaje responde
de manera fragmentaria a esa pregunta, la respuesta está
en las experiencias y percepciones de sus lectores, de su propia
construcción de la imagen e imaginarios del espacio urbano,
de su entorno arquitectónico y el uso que se haga de él.
Éste es el relato de mi viaje al interior
de la Plazoleta del Rosario, de las personas que allí conocí,
de las cosas que vi, leí y aprendí, del paisaje
urbano que fotografié.
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